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En la actualidad las estructuras se han dotado de complejidad,
siendo el sistema de mercado el regidor supremo de la sociedad
moderna. Tal condición a su vez se sostiene de organismos, empresas
e instituciones que proveen de servicios y bienes a sus integrantes.
En su desarrollo, tales organismos se mantienen de su presencia en
el mercado; la cual es consecuencia de muchos factores. Uno de ellos
es la comunicación que a su interior se maneja, cuya efectividad
redunda en las condiciones internas, la visión que la organización
proyecta; que trae resultados tan favorables como el incremento de
utilidades y el desarrollo positivo.
Esta vertiente de la comunicación se identifica bajo el nombre de
comunicación organizacional; misma que podemos adoptar como aquella
comunicación que surge y tiene lugar dentro de una organización.
Dicha comunicación genera mensajes, comparte información; su
formación y estudio implica las condiciones de su producción y los
medios que emplea para ser difundida. Tal circunstancia repercute en
las condiciones de sus integrantes y afecta en mayor o menor medida
sus sentimientos, sus relaciones y sus habilidades, marcando
influencia en su entorno.
En este sentido, la comunicación organizacional simboliza un
elemento fundamental de la tarea administrativa, por tanto, el
comunicador organizacional, o bien los responsables de llevar a cabo
tales funciones en un organismo, sostienen tras de sí la tarea
elemental de de alcanzar equilibrios internos para a partir de ello
exteriorizar una imagen sana, competitiva, capaz de mantener
interesados a clientes, proveedores; generadora de buenas relaciones
con su entorno.
Tal condición del comunicador organizacional, lo enrola hacia una
posición de enorme compromiso, ya que su desempeño influye en las
evaluaciones del total de la organización. Por tal, el comunicador
requiere de una objetividad total para identificar las fallas y
necesidades reales; tener la capacidad de emplear los recursos
adecuados de acuerdo a cada circunstancia. Y es en este caso donde
al hablar de liderazgo, la definición no debe encaminarse hacia el
comunicador, ya que su papel no es la de líder. Su real misión es la
de encaminar hacia el liderazgo a toda la organización.
Bajo este enfoque podemos distinguir que el comunicador
organizacional no tiene espacio en la individualidad, sin embargo,
encontrará su gestión a partir de la interacción con los otros, es
decir, con los individuos que componen su estructura.
El papel del comunicador organizacional no da pie a protagonismos.
Sus aciertos difícilmente tendrán grandes reconocimientos, porque
sus victorias para alcanzar tal condición, requerirán de una
naturalidad que las haga ver como acciones existidas a lo largo de
la historia de la empresa o institución. No obstante, su tarea es la
que facilitará el camino hacia los éxitos comerciales y de servicios
de toda organización.
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