Hablar en Nicaraguense

José d T. Escobar Tenorio*

“Me va(n) a tener un(a) hijo(a)”, elocuentemente la persona, no importando, el nivel cultural, expresa el hecho que va a ser padre. La mujer, a su vez, dice “le voy a tener un hijo(a) a fulano”. Aunque ella podría decir a secas y más apropiadamente “voy a tener o vamos a tener un hijo(a).

¿Existe algún error en el enunciado masculino? Hoy en día, Nicaragua, con un bono demográfico muy alto a nivel latinoamericano y mundial y, embarazo de 1,500 menores de edad al año, se pueden imaginar los/las lectores(as) la cantidad de veces que estas expresiones se pronuncian al día.

Al preguntar si existe un error en la expresión masculina y femenina antes indicada, la primera persona en señalarme como anatema, era mi sobrina (Q.E.P.D.), profesora de español de escuelas, colegios y universidades en Managua y diría “tío, usted no puede bajo ninguna circunstancia ir en contra de la evolución natural lingüística del pueblo. Lo dicho es considerado un modismo nicaragüense y por tanto el uso, hace la regla”.

Sin embargo, a mí, esta noción de que el uso hace la regla -no en todos los casos- no me termina de convencer por una sencilla razón: tergiversa, cambia la reproducción de la realidad, una de las funciones del idioma, y aún va en contra de la Gramática misma.

Veamos con cierto detalle la hipótesis de trabajo sugerida y digamos que 1) uso del verbo “tener”, como sabemos, es relativo a poseer; haber; obtener, etc. pero no, a procrear, dar, o, parir. De ahí, a mi entender, comienza el primer indicio de controversia cultural puesto que esto va más allá, la sociedad misma nos dice: ¡No, parir no, por favor!, ese verbo solo se usa para los animales, ¡no para nosotros!

Vemos pues, que en el hablar simple, existe otro componente que llamaremos psico-lingüístico o tabús perceptivos, o, rechazo a términos que por su carga emocional, tienden a no ser identificados de inmediato (tiempo de reconocimiento más extenso) y, en muchos de los casos cambian el término como un mecanismo de defensa del Yo…obteniendo medios de “mejorar” su posición –creando una catarsis de la situación conflictiva precisamente a través del cambio, logrando no entrar en conflicto con el Yo.. 2) El segundo error es gramatical; “me van a…” señala hacia una acción a futuro del verbo tener el cual es transitivo… pero en ningún caso, reflexivo. 3) El tercer error es de concepto y se deduce del segundo. Este último no es tan simple de visualizar, ni de exponer. En efecto, la línea divisoria entre modismo, jerga, caló y otros ismos, no es, en muchos casos, bien definida; de ahí que tengo yo que hacer uso de otros instrumentos para poder esclarecer el error de concepto.

Creo que otros “modismos” como ejemplos pueden ayudar a esclarecer el error de concepto.Veamos, en Nicaragua es común y aceptable decir “Voy a prestar…. 5 pesos, unas sillas…un caballo… un carro… una bicicleta”. En esta expresión, “voy a prestar…”no se sabe si el hablante va a pedir prestado o va a prestar a alguien los 5 pesos, silla, caballo etc. y el que escucha se queda esperando el desenlace de la situación, o, tiene que suponer, por la información anterior recibida qué es, en realidad, lo que el hablante quiere decir.

Otro es, “Voy a pagarme” “; ¿”Ya se pagó doña Zutana”? Nuevamente se aplican los errores observados porque se señala una acción transitiva (verbo) que no es reflexivo e induce a un error de percepción del hecho.

En otras palabras ¿que se intenta focalizar con esto de error de concepto como consecuencia de estructuras gramaticales erróneas? ¡Simple!, no existe relación entre el enunciado1 lingüístico y el entorno que nos rodea lo que acarrea una percepción errónea de la realidad.2

Esta aseveración es seria porque denota una relación con la realidad falsa, anormal, que (y) si se aplica a estratos sociales, en mi concepto, es mucho más seria.

Sin embargo, muchos me dirán “?y de qué te preocupás, no pertenecemos a la realidad mágica latinoamericana?… Si esto último es cierto, entonces, el habla, como todos sabemos es más importante que lo asumido, y su fuese cierto nos regresa a la aseveración de “…es considerado un modismo nicaragüense y por tanto el uso, hace la regla”.

Sin llegar a profundizar en la controversia expuesta, la siguiente pregunta sería: ¿Qué nos dice la realidad mágica usualmente novelística, en relación a nuestro caso? Pienso que la realidad mágica nada tiene que ver con la faltas en el uso erróneo gramatical ni con la secuencia lógica en el tiempo; ejemplo, Cien Años de Soledad3. Y si llevamos éste mismo argumento a La Metamorfosis (Die Verwandlung) de Franz Kafka tendremos que deducir que existe un error de concepto en los modismos nicaragüenses y en consecuencia se derivan problemas (issues)5 de relación con la realidad.

¿Habrá otros instrumentos que nos ayuden a esclarecer esta separación de la realidad inducida por el mal uso de la lingüística? Pues yo creo que sí. Si se comunica en un grupo fónico, o conjunto de signos lingüísticos.

Si sencillamente preguntamos a otro hispano-hablante si nos entiende si decimos “me voy a cobrar” o “me van a tener un hijo” o “voy a prestar…” el interlocutor se quedará con los ojos abiertos y no entenderá lo que ocurre. Otro ejemplo es “yo camino un libro” por “yo ando un libro” “yo camino un lápiz etc.”

El lector(a) dirá, lo mismo pasa cuando hablo con un mexicano o chileno etc. no entiendo las palabras que dicen, así es, “no entiendo las palabras” pero si me traducen el término, la oración se entiende y su relación con la realidad también..

En conclusión, digo yo, el sentido, o, significado6, solamente tiene veracidad lingüística, si se asemeja al producto (realidad). El significante o simbología (signos) no importa, pero sí importa la estructura o el instrumento en que se presenta sea escrito o hablado.

Para nuestro asunto, la conclusión es como sigue, algunos “modismos” nicaragüenses indican que existe una tergiversación, consciente o medio consciente de la realidad. Este hecho mismo nos separa de otros grupos lingüísticos similares y posiblemente de nosotros mismos y de nuestro entorno real.

Ante éste escenario ¿qué dice la Academia de la Lengua y la cantidad de poetas en Nicaragua? “Ah, nosotros, muy bien, gracias a Dios; alguna pregunta sobre Rubén Darío y sus viajes por el mundo? ¿Sabe usted cómo conoció a Isadora Duncan?”


*El autor es Psicólogo Clínico e Industrial.