Psicología de una Crisis

 

José d. T. Escobar Tenorio

“No nos une el amor sino el espanto”.
Jorge Luis Borges. Buenos Aires; dos poemas.

Naturalmente que no existe un virus psicológico, pero sí consecuencias psíquicas como producto de cambios repentinos medio-ambientales que por su agudeza e intensidad pueden devenir crisis o, críticas (amenazas) para la estabilidad, sentida, por la persona (hombre o mujer) o la comunidad. Esta criticidad es intensificada cuando la aparición del suceso no se espera y la intensidad irrumpe hasta nuestra privacidad y comportamiento diario. 

Esto es claro y todo mundo lo entiende. Es importante, para comprender las crisis independientemente de la intensidad, separar y esclarecer dos conceptos esenciales en Psicología Clínica como son el de Anormalidad y de Psicopatología.

Ahora bien, como todos estamos muy avanzados en la búsqueda (Google) en la internet no voy a repetir las múltiples definiciones en línea. Solamente diré que basado en mi experiencia como director del Primer Programa de Psiquiatría Comunitaria (1973) después del terremoto en Managua; que aquella tiene características comunes con la actual provocada por el Coronavirus y sus consecuentes trastornos llamados COVID19 o DARS-CoV-2, pero no todas. 

A mi entender, la diferencia esencial -puede haber otras también- es que el miedo, no la angustia, consiste en que no sé si poseo el virus o estoy susceptible de obtenerlo y no saberlo, y como consecuencia morir o no morir. Esto último no es miedo al miedo o una alucinación, o, no ser dueño de mi propio miedo, es la realidad pura y constatable. 

En consecuencia; de una realidad cierta llego a desarrollar una respuesta psicológica que puede ser correcta o no. ¿Y cuál es la correcta? ¡Pues sencillamente tener miedo! ¡Así de simple! Es la respuesta normal a una anormalidad percibida personal y social. 

En esencia, la cuestión, es la –creada- angustia existencial de morir sin saber por qué, ni para qué, ni por quién, lo cual conlleva a otra pregunta, ¿estoy listo para morir o para seguir viviendo en este caos? 

El aceptar el miedo no significa que nuestros mecanismos psíquicos personales sean los adecuados para el manejo de semejante carga porque no solamente es la posible muerte (aniquilación) mía o de mis seres cercanos, pero también de mi condición económica y social que implica este cambio. ¿Y si mañana las turbas con hambre irrumpen en mi negocio o en mi casa? ¿Habrá comida? ¿Qué hacer? ¿Llamar a Estados Unidos que me envíen dinero, si allá están sin trabajo? ¡No hay remesas! 

En efecto, no solamente está en juego mi existencia física (muerte) sino la de mis seres cercanos (duelo/muerte) y la de mi economía y posición social (aniquilación/muerte). ¡En suma un revés a toda mi existencia a como la conocí o tenía planificado ser! 

Esta observación estructural del miedo hace la intervención en la crisis más complicada, por ejemplo, si propongo, como en efecto sugiero, reactivar los mecanismos, humanos, del programa de Psiquiatría Comunitaria instalados desde 1979 y a cargo del Ministerio de Salud; el tema es saber, ¿cómo actuar? 

Bueno, las siguientes pueden ser algunas recomendaciones:

  • Primero, la más recomendable es la comunicación vía telefónica (Call Center), es urgente, y uso del WhatsUpp;
  • Segundo, reuniones de terapia o más bien ventilación de problemas (issues en inglés) de máximo 10 personas alejadas en círculos de dos metros una de la otra, auspiciadas por el Ministerio de Salud y apoyadas por instituciones internacionales; tercero –en realidad el resultado de estas sesiones (en segundo) no estrictamente terapéuticas- llevarán a la siguiente situación: “mire señor(a), si yo tengo trabajo, se me quita el miedo, porque ni para comer tengo” de ahí que será necesario en coordinación con el Ministerio del Trabajo o la Iniciativa Privada crear Bolsas de Trabajo para emprendedores seleccionados y cuidadosamente –técnicamente- supervisados bajo un sistema de seguimiento de metas (Referencia: Plan de Negocio ad hoc).

En resumen, se trata de un fenómeno multidimensional que atañe a la estructura humana y la solución debe ser múltiple dependiendo de cada componente. Las terapias en estos casos, cuando se trata de anormalidades inducidas medio-ambientalmente, pueden ser -no necesariamente científicas- por ejemplo, la Teo-terapia, Aroma-terapia, Ludo-terapia, masajes etc. pueden ser eficaces. El aspecto más importante es la intervención multidimensional (gubernamental e institucional) a la crisis.


El autor es Psicólogo Clínico e Industrial.